El periódico digital eldiario.es ha publicado recientemente, bajo la firma de Daniel Sánchez Caballero, un artículo para alertar sobre una práctica que se viene sucediendo en los últimos años en el sector editorial académico, y en el que han caído varias publicaciones españolas. El artículo recoge las conclusiones de la investigación de Alberto Martín Martín y Emilio Delgado López-Cózar, documentalistas en la Universidad de Granada, Invasion of the journal snatchers: How indexed journals are falling into questionable hands.

Al parecer, misteriosos inversores adquieren revistas para luego inundarlas de ‘papers’ sin controles de calidad a la vez que multiplican el coste de publicación a los científicos. En consecuencia, algunas han sido expulsadas de los ‘rankings’ por mala praxis. Por ejemplo, la revista Comunicar llegó a estar entre el 10% de las mejores del mundo en su rama, todo un hito inédito entonces para una publicación española, y se convirtió en una referencia dentro de su disputado campo. En 2023, una compañía desconocida en el sector, Oxbridge Publishing House, compró la revista, y un año después Comunicar fue expulsada de las principales bases de datos del mundo por sospechas en su proceder.

Según explican Martín y Delgado, el caso de Comunicar no es el único. Se está produciendo un movimiento sutil en el sector científico-editorial con el mismo modus operandi: una editorial con poco o ningún nombre compra una revista de éxito y empiezan a realizar prácticas dudosas –multiplicar las publicaciones que realiza, instaurar un modelo de pago o elevar las tarifas si ya existe– para generar negocio y, en ocasiones, acaba siendo víctima de sus políticas y desapareciendo. Desde 2020 esta red habría adquirido, con la ayuda de empresas intermediarias, al menos 30 revistas académicas indexadas en prestigiosas bases de datos científicas como Web of Science y Scopus. Algunos de estos casos corresponden a publicaciones españolas: Cuadernos de Economía, Revista Comunicar, Profesional de la Información, Revista de Psicología del Deporte, Artseduca y la Revista Internacional de Medicina y Ciencias de la Actividad Física del Deporte.

Una vez adquiridas las revistas, continúan Martín y Delgado en su estudio, “estas entidades aplican rápidamente transformaciones significativas, como la introducción o el aumento sustancial de las tasas de procesamiento junto con un aumento sin precedentes del volumen de publicaciones. Este crecimiento se debe tanto a la afluencia de contribuciones ajenas a la comunidad académica original, como por la publicación de artículos sobre temas que se salen del ámbito de la revista. El problema no es solo del sector editorial, sino que también afectará a los investigadores que querían publicar en estos medios e incluso habrá dejado a algunos atrapados en mitad de todo este proceso. Personas que enviaron una propuesta de artículo y que, en el proceso de aceptación del texto, ven cómo la revista ha dejado de tener valor para publicar en ella.

No obstante, esta operación puede acabar saliéndoles mal, porque muchas de las revistas que fueron adquiridas por estas empresas en los últimos años han sido expulsadas de las bases de datos. Para una revista, salir de las bases de datos es una estocada casi mortal ya que, cuanto más alto estén en los rankings, mejor para los autores, y el motivo para que estas empresas estén comprando revistas de prestigio es para luego introducir o aumentar los costos de publicación.

Según las palabras de los investigadores “las prácticas descritas, combinadas con la introducción o el aumento sistemático de las tasas de publicación, sugieren claramente que el principal motivo para adquirir estas revistas es generar beneficios, a menudo a expensas de las normas de publicación. (…) Se puede afirmar que, al menos en el caso de algunas de estas revistas, su misión original de fomentar el discurso académico se pierde tras la transición, sustituida por motivos lucrativos y caracterizada por un descenso del nivel de las publicaciones”.

En resumen, la cuestión es que en la medida que en las evaluaciones de los curriculums de los investigadores se tengan en cuenta sobre todo los rankings que generan empresas privadas, en la línea del “publica o muere”, se facilita la corrupción del sistema. Y si las propias universidades y agencias de evaluación siguen en esa línea, finalmente, serán los equipos que dispongan de más financiación para pagar crecientes cantidades de dinero los que obtendrán mayores beneficios (vía proyectos, certificaciones, etc.), con lo que será más difícil a los jóvenes entrar en un sistema ya de por sí envejecido. Además, perjudica a las revistas más pequeñas, sobre todo a las vinculadas a las Universidades, en la medida en que no suelen tener la infraestructura de personal y medios de las grandes editoras privadas. Con lo que nos encontramos con la paradoja de que las propias Universidades facilitan un negocio –del que se benefician otros– que las perjudica. Pero ya se sabe… poderoso caballero es Don Dinero.

Puedes leer el artículo completo de Daniel Sánchez aquí.

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